Princeso...
Roberto André Acuña
Este no es un poemario común.
Ni uno de los que se apilan en un escritorio con su
vestidito de domingo con un deseo de salir a lucirse, sino de uno que siempre
ha estado ahí, sin que nos demos apenas cuenta: es el que se esconde en ese
rinconcito de lo escrito por mujer y, de hombre. Nótese que dije en ese
rinconcito entre, lo de mujer y de hombre, porque estamos hecho de esa
dualidad, igual que la poesía, misterio brutal, salvaje, magnético y, nada
casual, muy común en la literatura árabe y española pero prioritariamente en la
sociedad griega, chispa que se enciende mediante la mirada: PRINCESO, inicia en
la ANTIGUA GRECIA, recordemos que esa sociedad era más consonante a este tipo
de literatura, en una soleada tarde de
verano dónde mostrándonos el trasero, tal lo dice la contracara de la página, el que brilla por su propia
fama, nos dice un diccionario de nombres, inicia el cortejo de la palabra
articulada con la contradicción entre la condenatoria legalidad religiosa y la
permisiva realidad popular, cuando dice:
Quiero todo el sol para nosotros
una tarde inextinta colmada de
colores
abrazándonos
siendo sin tiempo ni certeza
que este árbol que nos aguarda
ilumine la más hermosa figura en tu
rostro…
(Página 9)
Mediante el recurso de sublimación neoplatónica, la ambigua castidad, de los elementos que construyen un
mundo particular, los objetos, tiempo, naturaleza, y todo lo que conforma la
vida se vuelven deseo; estamos ahora frente al copero que sirve una sutil copa
de vino que decanta lentamente los efectos del placer…
Feérico
Te he encontrado en una nube,
en una flor,
desnudo y con alas
…
Tu cuerpo y el mío
difieren en mitos:
Cuerpo de hada,
lepidóptero,
luminoso…
(Completo página 34)
En esta
homoeteridad, sinónimo personal de poesía homoerótica, en el que la aparición
del bozo (bello), y no hablamos de la pelusa que cubre el cuerpo en ciertos
lugares, sino de la naturaleza, lo divino, y aun las imágenes sacras de ángeles
y arcángeles se convierten en un tópico literario poco frecuente
Arcangel San Miguel
Para Elliette Ramírez
¡Oh, Arcángel Absoluto!
Mi alma siente
un candor de llama violeta
que aguarda la espada tuya,
no para ser penetrada
por metales del cielo,
sino para reflejarse
en tu instrumento dorado…
(Completo página 22)
Inevitable, pienso, en una habitación sencilla, una ventana bordada de luz, cayendo sobre la espalda de
un (poeta) adulto, de cabello raído y largo, mirando con delicia su sirviente joven que del otro lado de una mesa sirve una copa de vino sin mirarlo; es decir, que el escribir es en PRINCESO, un papel activo frente a un actuante pasivo que, elude las aburridas reglas de lo convencional que al definirse como PAN: alimento SEXUAL: en este caso, goce por los placeres vanos igual que otros iconos de este tipo de escritura, que no es hobby sino palabra invirtiendo el rol homoerótico de este tipo de poesía, que como ya sabemos es una recurrente presencia, fantasmas, que florecen por sí mismos contándonos sus dones…
VI
Estelífero,
semejante a un pesebre de nubes,
es el aposento del alma
Áureas fugitivas,
el alma y la herida;
mariposas doradas,
en cuyas lágrimas, vida.
(Completo, página 61)
Cierro
pensando que, aunque la poesía homoerótica, un tema apenas estudiado, el
florecimiento hacia lo que debería dejarse de llamarse poesía mística, que
aquí, mediante el uso de palabras adecuadas que nunca serán el abandono de la
poesía amorosa, sino una escrita por hombres para hombres, o para cualquiera
que este dispuesto a escuchar el florecimiento de una nueva forma preciosista
de escribir, el uso y lexificación de nuevas metáforas, para posteriormente,
generar nuevas metáforas de segunda vida y poder, es un buen paso hacia un
nuevo conocimiento…
Para La
Coleccionista de Espejos: Dell McD
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