Inventarios mínimos
Por tercera o cuarta vez en menos de tres años he leído los textos de dos doctores en literatura, uno con el tupé suficiente de sacar al mercado textos rivales entre sí al premio de lo más malo que un poeta-escritor con mediano talento debería saber sus debilidades, y otro escrito por una mujer que al menos a mí me llena de vergüenza ajena al poner las cosas en su lugar y este: ¿Qué está pasando con nuestros autores? ¿Qué? En fin. Vamos al libro. Lo leí. Re-leí y finalmente me quedan solo preguntas y muy poco deleite; y en mí, ese es un verdadero problema: lamento tener que decir ni con el inventario más mínimo, voy a estar de acuerdo con esta propuesta que fue lo suficientemente vano y fútil como para intentar abandonar su lectura en la segunda página, pero la disciplina de lector, de querer buscar algo bueno en alguna parte para no tener que reconocer que me equivoqué cuando creí que este autor t...